viernes, 17 de julio de 2026

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Masu: la startup mexicana que digitalizó la compra de plásticos y fue absorbida por un gigante global

La startup mexicana Masu, fundada por Alfredo Cepeda, movió más de 60 millones de dólares en resinas plásticas y fue absorbida por un gigante global que opera en más de 100 países.

Marta Uriarte ElizondoMarta Uriarte Elizondo· · 6 min de lectura

La startup mexicana Masu, fundada por el colombiano Alfredo Cepeda, movió más de 60 millones de dólares en materias primas plásticas antes de que un gigante global absorbiera su tecnología. La empresa digitalizó un sector anclado en procesos manuales.

La startup mexicana Masu, fundada por el ingeniero colombiano Alfredo Cepeda, ha logrado lo que pocas empresas de su tipo: digitalizar la cadena de suministro de resinas plásticas en México y ser absorbida por un operador global que opera en más de 100 países. En tres años, la plataforma movió más de 60 millones de dólares en materia prima a través de 5.300 órdenes de compra, combinando un marketplace con software de gestión para distribuidores.

Cepeda llegó a México en 2019 para hacer trámites y abrir una empresa. El proceso le tomó tres meses. Cuando regresó en 2022 para fundar Masu, lo hizo en menos de dos meses. Esa mejora, pequeña desde fuera pero significativa para quien la vive, refleja por qué este ingeniero industrial apostó por México: un país que está cambiando, un ecosistema que madura y un mercado de manufactura que, según sus palabras, es nueve veces el tamaño del colombiano en términos de PIB industrial.

De Promigas a Frubana: el camino hacia Masu

La trayectoria de Cepeda antes de fundar Masu es el tipo de currículo que pocas veces produce un emprendedor de nicho industrial. Empezó en Promigas, uno de los líderes colombianos en transporte y distribución de gas natural, donde pasó seis años aprendiendo de directivos con décadas de experiencia en operaciones reales. En 2015 lo mandaron a Perú a montar desde cero la red de distribución y transporte de una licitación recién ganada: un Excel en blanco, una infraestructura por construir, y la primera lección concreta sobre lo que significa lanzar una operación fuera de tu localidad.

Después vino Frubana, la startup de distribución de alimentos para restaurantes que le abrió los ojos al tamaño de lo que se puede construir en Latinoamérica. Allí aprendió, a escala de 100.000 restaurantes en 10 ciudades y 1.500 rutas diarias, lo que significa operar logística compleja con tecnología como columna vertebral. Esa experiencia le mostró que el verdadero cuello de botella no estaba en la última milla, sino en la cadena de suministro de materias primas.

La oportunidad que nadie quería tocar

La idea de Masu nació de una observación concreta que Cepeda hizo durante sus años en cadenas de suministro B2B: en la industria de materias primas para manufactura, una orden promedio de compra generaba más de diez correos electrónicos internos antes de cerrarse. Llamadas telefónicas, hojas de cálculo, negociaciones manuales, sin trazabilidad del proceso ni datos para tomar mejores decisiones. Era una industria que movía miles de millones de dólares en México y que operaba con las herramientas de comunicación de hace veinte años.

Masu nació en 2022 con un modelo que combinaba marketplace y software SaaS para la industria de resinas plásticas, polietileno y polipropileno, un nicho específico dentro del universo de materias primas para manufactura. La elección no fue aleatoria: es una categoría con altos volúmenes, proveedores concentrados y compradores que todavía dependían de relaciones personales y llamadas para gestionar su inventario. En tres años de operación, la plataforma movió más de 60 millones de dólares en materia prima a través de 5.300 órdenes, combinando el modelo de distribución directo con la gestión de software para distribuidores establecidos.

El design partner más grande terminó siendo una empresa global con presencia en más de 100 países que usó el software durante casi un año antes de tomar una decisión que Cepeda no esperaba: liderar la transformación digital desde adentro.

Masu nació mexicana, no como una adaptación de algo colombiano. Los inversionistas, los advisors, los design partners, todo tenía ADN local. Creía que si iba a construir algo aquí, tenía que nacer aquí. — Alfredo Cepeda, fundador de Masu

Construir en una industria conservadora

El reto de digitalizar la cadena de suministro de materias primas industriales no es solo tecnológico. Es cultural. Los compradores de resinas plásticas en México llevan décadas operando con los mismos proveedores y los mismos procesos. La confianza se construye en persona, en ferias industriales, en relaciones de largo plazo. Llegar con un software a decirle a un director de compras que puede hacer lo mismo con tres clics genera escepticismo ante la curiosidad. Cepeda lo aprendió en el proceso: el ciclo de ventas en industrias conservadoras es largo, el cambio de comportamiento requiere demostración antes que argumentación, y el design partner correcto vale más que cien prospectos tibios.

La estrategia que desarrolló Masu fue enfocarse en los distribuidores grandes como punto de entrada, no en los compradores finales. Si el distribuidor líder de polietileno en México adopta el software para gestionar su back office, sus clientes lo usan por defecto. Eso reduce la fricción de adopción y concentra el esfuerzo comercial donde el impacto es mayor. El modelo funcionó: uno de los distribuidores líderes a nivel global en la industria se convirtió en cliente y eventualmente en el actor que llevó el producto in-house, invitando a Cepeda a liderar su estrategia de transformación digital a nivel global.

Del startup al escenario global

Lo que empezó como un piloto de software en México terminó siendo el argumento que le abrió a Cepeda la puerta a un rol de transformación digital en una empresa que opera en más de 100 países. No es el resultado que había proyectado cuando levantó una ronda de casi dos millones de dólares y arrancó operaciones de Masu en 2023. Pero tampoco es un resultado que descarte lo construido: es una empresa que encontró tracción real en un nicho específico, que movió decenas de millones de dólares en operaciones y que generó suficiente evidencia de valor como para que un operador global quisiera llevar ese aprendizaje a una escala global y al equipo.

Ese tipo de resultado, raro en el ecosistema de startups donde más del 90% no llega a operar tres años, es el que Cepeda lee como validación. La startup no solo sobrevivió, sino que se convirtió en el núcleo de una estrategia global de digitalización industrial. Para el lector interesado en startups y transformación digital, el caso de Masu demuestra que digitalizar un sector análogo en México no solo es viable, sino que puede atraer el interés de los grandes jugadores globales. La lección: identificar un nicho con procesos manuales, construir tracción real y estar abierto a que el éxito llegue en formas no previstas.

¿Qué hace Masu exactamente?

Masu es una plataforma que combina un marketplace y software SaaS para digitalizar la compraventa de resinas plásticas (polietileno, polipropileno) en México, eliminando procesos manuales como correos y hojas de cálculo.

¿Cuánto dinero movió Masu en tres años?

Masu movió más de 60 millones de dólares en materia prima a través de 5.300 órdenes de compra, trabajando con distribuidores y compradores industriales.

¿Qué pasó con Masu después de la absorción?

El gigante global que usó el software como design partner decidió integrar la tecnología y nombró a Alfredo Cepeda para liderar su estrategia de transformación digital a nivel mundial.

Marta Uriarte Elizondo

Escrito por

Marta Uriarte Elizondo

Redactora

Graduada en ADE por la Autónoma y emprendedora frustrada (dos veces). Coleccionista de pitch decks, cafetera y optimista pese a las estadísticas; en Iber Empresa firma las pymes y las startups.