sábado, 18 de julio de 2026

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El oro cae un 5,95% en julio pese a la crisis de Irán: la Fed pesa más que la guerra

El oro cae un 5,95% en julio hasta los 4.022 dólares, lastrado por el miedo a que la Fed suba tipos por la inflación del petróleo, pese a la escalada bélica entre EE.UU. e Irán.

Daniel Ríos CompanyDaniel Ríos Company· · 5 min de lectura

La onza troy cotiza en 4.022 dólares, con un descenso semanal del 2,54% y una caída mensual del 5,95%. El miedo a que la Fed mantenga los tipos altos por la inflación del petróleo anula el efecto refugio del conflicto en Oriente Próximo.

El oro no termina de encontrar su rumbo. Las tensiones militares entre Estados Unidos e Irán se intensifican, el petróleo se dispara, y sin embargo la onza troy parece más pendiente de la Reserva Federal que de las explosiones en Oriente Próximo. El metal precioso cotiza en estos momentos a 4.022,60 dólares, con una leve recuperación del 1,06% respecto al cierre anterior, pero la fotografía semanal deja poco margen para el optimismo: un descenso del 2,54% en los últimos cinco días y una caída acumulada del 5,95% en el último mes. Desde enero, la pérdida asciende al 7,16%.

El petróleo dispara la inflación y la Fed frena al oro

El origen de esta atípica reacción está en el propio petróleo. La amenaza iraní de bloquear el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 20% del crudo mundial— ha disparado el barril de WTI hasta 81,05 dólares y el Brent hasta 87,01, con una subida semanal cercana al 12%. Este encarecimiento energético aviva los temores inflacionistas y, con ellos, la expectativa de que la Fed mantenga los tipos en niveles elevados durante más tiempo. Para el oro, que no genera intereses, ese escenario es letal: eleva su coste de oportunidad y fortalece al dólar, dos vientos en contra que anulan la prima de refugio que cabría esperar.

La Casa Blanca ha lanzado seis noches consecutivas de ataques sobre territorio iraní, y el presidente Donald Trump ha amenazado con extender las operaciones a infraestructuras clave si fracasan los contactos diplomáticos. Irán ha respondido con ataques de represalia contra bases estadounidenses en Siria. Pese a la gravedad del conflicto, los inversores miran más a la política monetaria que al tablero geopolítico. El jefe de la Fed, Kevin Warsh, reiteró su compromiso con la estabilidad de precios, y los mercados valoran ahora en un 51% la probabilidad de una subida de tipos en septiembre, frente a expectativas más bajas del día anterior.

Los bancos centrales compran oro a contracorriente

Mientras los especuladores huyen, una fuerza estructural actúa en sentido contrario. Los bancos centrales, encabezados por Polonia y China, continúan incrementando sus reservas de oro. Una encuesta del World Gold Council entre 74 institutos emisores revela que el 45% prevé aumentar sus tenencias en los próximos doce meses, el porcentaje más alto desde que comenzó la medición en 2018. Solo una entidad planea reducir sus existencias. Esta demanda oficial, ajena a los vaivenes de los tipos de interés, ha impedido que el metal perforara con más violencia el soporte de los 4.000 dólares.

Los indicadores técnicos refuerzan la visión de una fase de digestión más que de pánico. El RSI se sitúa en 40,7, lejos de la zona de sobreventa. El precio actual se encuentra un 6,5% por debajo de la media de 50 días (4.304,19 dólares) y un 11,4% por debajo de la media de 200 sesiones (4.540,10 dólares). La amplitud del movimiento sugiere que la corrección ha sido intensa pero no catastrófica. De hecho, la onza se mantiene apenas un 1,94% por encima del mínimo de 52 semanas, registrado en 3.901 dólares a finales de octubre de 2025.

La plata y el cobre sufren el mismo castigo

La plata, que comparte la misma lógica de activo sin rendimiento, sufre aún más. Su cotización ha caído a 55,58 dólares por onza, el nivel más bajo en ocho meses, con un desplome mensual superior al 20%. El cobre, por su parte, cede un 0,41% hasta 6,26 dólares, lastrado por la misma combinación de tipos altos y un dólar fuerte. La paradoja es completa: el petróleo, el gran ganador de la crisis, se convierte en el verdugo indirecto de los metales preciosos.

Las perspectivas a corto plazo dependen de dos factores: la evolución del conflicto en Oriente Próximo y las señales que emita la Fed en las próximas semanas. Si la situación en Ormuz se agrava, el crudo podría escalar aún más, reforzando la presión inflacionista y alargando la agonía del oro. Por el contrario, una desescalada devolvería la atención a los datos macro y a la demanda de los bancos centrales, que sigue siendo el ancla más sólida del mercado. Hasta entonces, el metal precioso baila entre dos lógicas que rara vez lo han llevado en la misma dirección.

Para el inversor particular, la lección es clara: en un entorno de tipos altos, el oro pierde su atractivo como refugio, incluso con guerras de por medio. Quienes busquen protegerse de la inflación deberían vigilar las decisiones de la Fed en septiembre y la evolución del crudo. Mientras tanto, la demanda de los bancos centrales ofrece un piso, pero no un impulso alcista inmediato.

¿Por qué cae el oro si hay una guerra?

Porque el mercado teme que la subida del petróleo dispare la inflación y obligue a la Fed a mantener los tipos altos, lo que encarece el coste de oportunidad del oro al no generar intereses.

¿Hasta dónde puede caer el oro?

El soporte clave está en 3.901 dólares, el mínimo de 52 semanas. Si la Fed sube tipos en septiembre, podría perder ese nivel; si los bancos centrales siguen comprando, podría encontrar un piso.

¿Es buen momento para comprar oro?

A corto plazo, el entorno de tipos altos juega en contra. Pero la demanda de los bancos centrales y la posibilidad de una desescalada geopolítica podrían dar soporte. Cada inversor debe valorar su horizonte temporal.

Daniel Ríos Company

Escrito por

Daniel Ríos Company

Redactor

Graduado en Economía por CUNEF y adicto a las pantallas en rojo y verde. Cafés dobles antes de la apertura, escéptico de los gurús y traductor del Ibex para mortales; en Iber Empresa firma los mercados.