El banco central estadounidense celebra su segunda reunión presidida por Kevin Warsh. La mayoría de los inversores espera que mantenga los tipos, pero crece la presión de los halcones por una subida ante la inflación persistente.
La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) celebra este martes y miércoles su segunda reunión de política monetaria bajo la presidencia de Kevin Warsh, nombrado por Donald Trump con la expectativa de que abarate el crédito. Sin embargo, el contexto económico complica ese objetivo.
Los tipos de interés de referencia se sitúan en un rango de entre el 3,50% y el 3,75%, nivel que se mantiene inalterado desde diciembre. Según la herramienta CME FedWatch, la mayoría de los inversores anticipa un quinto mantenimiento consecutivo.
No obstante, la confianza del mercado es menor de lo habitual: más de un tercio de los operadores considera posible una nueva subida. El motivo es el repunte de la inflación, alimentado por la guerra en Oriente Medio y el encarecimiento del petróleo, que ha hecho cambiar el rumbo de las expectativas.
La Fed no eleva sus tipos desde mediados de 2023. Pero el índice de precios PCE, el indicador preferido por el banco central, subió un 4,1% interanual en mayo, más del doble de la meta del 2%. Mientras, el desempleo se mantiene bajo, en el 4,2%.
“Puede que tengamos un nuevo presidente en la Fed, pero la vieja guardia observa con preocupación la evolución de la economía desde comienzos de año”, señaló Diane Swonk, economista de KPMG, en declaraciones a AFP. “El bloque de los halcones no solo endureció su postura. También sumó nuevos integrantes”.
En la jerga monetaria, los “halcones” priorizan la subida de tipos para contener la inflación, mientras que las “palomas” prefieren tipos bajos para estimular la economía. Doce miembros del comité de política monetaria tienen derecho a voto y deben equilibrar el objetivo de máximo empleo con la estabilidad de precios.
Swonk anticipa discrepancias en esta reunión: “Lo importante es observar cuántos miembros están dispuestos a votar por un alza”. En junio, durante la primera reunión presidida por Warsh, la decisión fue unánime.
Warsh ha reiterado su compromiso de restablecer “la estabilidad de precios” sin precisar cómo. Un aumento de tipos sería un escenario muy desfavorable para Trump, que prometió reducir la inflación y los costes de financiamiento. Antes de designar a Warsh, el presidente emprendió una dura campaña contra su predecesor, Jerome Powell.
Warsh declaró recientemente ante el Congreso que “seguirá haciendo su trabajo” si llega a ser blanco de críticas del Ejecutivo. También ha dicho que valora tener “una buena pelea de familia” en las reuniones de la Fed, en alusión a debates intensos y poco convencionales.
La caída de los precios de los combustibles en junio ofreció cierto alivio a los consumidores, pero la reactivación de las hostilidades en el Golfo este mes ha hecho repuntar los costes energéticos. Los economistas señalan otras fuentes de tensión inflacionista: los aranceles de Trump, que encarecen las importaciones, y el frenesí en torno a la inteligencia artificial y los centros de datos.
El boom de la IA impulsa la actividad económica y la fortuna de los accionistas, pero también eleva las facturas de electricidad de muchos hogares, lo que aumenta el malestar entre los consumidores.
La Fed anunciará su decisión el miércoles al término de las dos jornadas de debates a puerta cerrada. Los inversores estarán atentos no solo al tipo oficial, sino también a las proyecciones y al tono del comunicado, que orientarán sobre los próximos pasos.

