El economista Tomás Izquierdo (Gémines) valoró el objetivo de la megarreforma de incentivar la inversión, pero advirtió que el proyecto carece de financiamiento y requiere modificaciones. También pidió una reforma laboral que incluya flexibilidad de jornada y cambios en las indemnizaciones.
El gerente general de Gémines, Tomás Izquierdo, ha puesto el foco en los puntos débiles de la megarreforma que impulsa el Gobierno chileno. En una entrevista en Radio Pauta, el economista reconoció que la iniciativa apunta en la dirección correcta al buscar incentivar la inversión y el crecimiento, pero fue contundente al señalar que "el proyecto no está financiado, eso es bastante evidente".
Megarreforma: luces y sombras en inversión y permisología
Izquierdo valoró las medidas tributarias y la reducción de la permisología incluidas en el proyecto, así como la discusión sobre la invariabilidad tributaria, aunque sugirió reducir los plazos inicialmente contemplados. Sin embargo, la sombra del financiamiento planea sobre la iniciativa. "Es mucha plata la que estaba en el proyecto inicial, 1.400 millones de dólares, y no sé si sea la mejor forma de gastarse esos recursos", afirmó.
El economista considera que, si bien los subsidios a la contratación son necesarios, deben focalizarse mejor para ser eficientes. Chile arrastra un alto desempleo, creciente informalidad y un empleo formal que no termina de despegar, un escenario que exige respuestas quirúrgicas y no un gasto masivo sin control.
Reforma laboral: flexibilidad, indemnizaciones y salario mínimo
Una vez que la megarreforma supere el trámite legislativo, Izquierdo cree que el siguiente paso ineludible es una reforma del mercado laboral. "Todo lo que tenga que ver con flexibilizar el mercado laboral me parece razonable", sentenció. Entre los cambios que propone están la flexibilización de la jornada, la modificación del sistema de indemnizaciones —que a su juicio genera incentivos perversos—, la implementación de la Sala Cuna Universal y un nuevo mecanismo para fijar el salario mínimo que tenga en cuenta la productividad y la situación del empleo.
“Hay que hacerlo en forma eficiente. Es mucha plata la que estaba en el proyecto inicial, 1.400 millones de dólares, y no sé si sea la mejor forma de gastarse esos recursos”.
El economista también se refirió al impacto de la inteligencia artificial en el empleo. Aunque admitió que aún es pronto para conocer su efecto definitivo, insistió en que Chile debe apostar por la capacitación continua de los trabajadores para que puedan adaptarse a las nuevas tecnologías. Una recomendación que, visto lo visto, suena más a necesidad que a opción.
Perspectivas económicas: un 2026 agridulce y un 2027 con esperanza
Izquierdo proyectó un 2026 de bajo crecimiento, con características propias de una recesión técnica, pero se mostró más optimista para 2027, apoyado en una recuperación de la inversión y la construcción. Para ello, considera clave que el Ejecutivo cambie su estrategia comunicacional. "Hay que empezar a transmitir un discurso más optimista hacia adelante", afirmó, con el objetivo de mejorar las expectativas de empresas y consumidores.
Para el lector interesado en la economía chilena, el mensaje de Izquierdo es claro: la megarreforma necesita ajustes de financiamiento y focalización, y una vez aprobada, el país debe abordar de forma urgente una reforma laboral que flexibilice el mercado, modernice las indemnizaciones y vincule el salario mínimo a la productividad. De lo contrario, la recuperación prevista para 2027 podría quedarse en un espejismo.

