La startup Foundation Future Industries, respaldada por Eric Trump, hijo del presidente estadounidense, desarrolla robots humanoides con capacidades letales para uso militar. El Phantom MK1 ya ha sido probado en Ucrania.
La línea entre la ciencia ficción y la realidad militar se desdibuja. Foundation Future Industries, una startup estadounidense respaldada por Eric Trump, hijo del presidente Donald Trump, está desarrollando robots humanoides diseñados específicamente para el campo de batalla. El proyecto incluye capacidades cinéticas, es decir, sistemas letales, según confirmó su CEO, Sankaet Pathak.
Robots humanoides con capacidad letal
Pathak reveló a medios especializados que la empresa explora "cosas cinéticas" para sus robots, un término que en el ámbito militar se refiere a armamento activo. El Phantom MK1, su principal prototipo, ya ha sido probado con fuerzas ucranianas en escenarios de guerra real. La compañía no ha detallado las armas exactas, pero prevé anunciar avances concretos en los próximos meses.
Además del combate, los robots estarían destinados a tareas logísticas, reconocimiento e inspección en zonas de conflicto. Foundation Future Industries fue fundada en 2024 y rápidamente adquirió Boardwalk Robotics, firma con experiencia en humanoides y colaboración con el Instituto de Cognición Humana y de Máquinas (IHMC) de Florida.
Contratos millonarios y respaldo de alto nivel
La empresa ha conseguido contratos gubernamentales millonarios y cuenta con la asesoría estratégica e inversión directa de Eric Trump. El propio Trump ha destacado públicamente el potencial de estos robots, señalando que la combinación de autonomía e inteligencia artificial puede revolucionar la industria militar. Foundation Future Industries gestiona además contratos heredados y acuerdos de desarrollo con el Pentágono y otras entidades estadounidenses.
El interés global por los robots autónomos en el ámbito militar crece en paralelo al avance de la inteligencia artificial. Expertos en robótica consultados aseguran que la demanda de sistemas que sustituyan a soldados en tareas de alto riesgo es real y que la tecnología está cerca de ser desplegada en escenarios operativos.
Debate ético y legal sobre las armas autónomas
El auge de los robots humanoides armados reaviva el debate sobre las denominadas armas autónomas letales. La Organización de las Naciones Unidas ha pedido prohibir estos sistemas, que apoyados por inteligencia artificial pueden seleccionar y atacar objetivos sin control humano directo. El secretario general de la ONU, António Guterres, insiste en la necesidad de vetar por derecho internacional las "máquinas que deciden quién vive y quién muere", advirtiendo que su uso es "moralmente repugnante".
Los riesgos incluyen errores de identificación entre civiles y combatientes, escalada acelerada de conflictos, responsabilidad difusa ante daños y disminución del costo político de iniciar una guerra. Organizaciones como Human Rights Watch alertan sobre la "deshumanización digital", donde algoritmos toman decisiones trascendentales sobre la vida y la muerte. Varias potencias, incluidos Estados Unidos, Rusia, China e Israel, invierten en sistemas autónomos en distintos frentes.
Para el lector interesado en tecnología y defensa, este desarrollo supone un punto de inflexión: la integración de inteligencia artificial en operaciones militares plantea dilemas inéditos. Mientras defensores argumentan mayor precisión y menos errores humanos, críticos insisten en mantener el juicio humano. El debate no es solo tecnológico, sino ético y legal, y marcará la diferencia entre un avance en protección de vidas y un riesgo sin precedentes.
¿Qué es Foundation Future Industries?
Es una startup estadounidense fundada en 2024 que desarrolla robots humanoides para aplicaciones militares, respaldada por Eric Trump.
¿Qué capacidades tendrán estos robots?
Incluyen capacidades cinéticas (armamento activo) para combate, además de tareas logísticas y de reconocimiento.
¿Por qué es controvertido el desarrollo de robots armados?
Porque pueden actuar sin control humano directo, lo que plantea riesgos de errores, escalada de conflictos y falta de rendición de cuentas.

