La consellera de Economía, Alícia Romero, ha anunciado que el Govern analiza eliminar hasta 15 tributos autonómicos, aunque descarta cambios en el IRPF. La reforma, condicionada por el pacto de investidura, busca simplificar el sistema sin alterar la recaudación.
La Generalitat de Cataluña ha puesto sobre la mesa una poda fiscal selectiva. La consellera de Economía, Alícia Romero, ha confirmado que su departamento estudia la supresión de hasta 15 impuestos propios, aquellos tributos que la comunidad creó en su día y que ahora, según sus palabras, «han dejado de tener el sentido para el que se crearon». La reforma, eso sí, llega con una línea roja: el IRPF no se toca.
Romero descartó cualquier modificación del principal impuesto autonómico, tanto al alza como a la baja. En una entrevista, la consellera insistió en que «no es la voluntad del Govern pujar impuestos, tampoco baixar-los». La decisión deja claro que la reforma se centrará en tributos menores, cuya recaudación es residual pero cuya carga política es notable.
El análisis que está llevando a cabo el equipo de Romero es, según fuentes del departamento, casi una auditoría de supervivencia. Se examina cada figura impositiva para determinar si sigue cumpliendo el objetivo con el que fue creada. Algunas, admiten, ya no tienen razón de ser o cuestan más en gestión de lo que ingresan. No hay un listado cerrado, pero el foco está en las figuras más marginales, algunas heredadas de los gobiernos del tripartito o de Artur Mas.
Una poda selectiva sin impacto en las cuentas
Pese a su escaso peso recaudatorio, estos 15 impuestos propios son un símbolo recurrente en el debate catalán. Cataluña mantiene, junto con el tramo autonómico del IRPF y los tributos cedidos, una batería de figuras propias como el canon del agua o el impuesto sobre emisiones contaminantes. Suprimirlos apenas aliviaría la carga fiscal de los contribuyentes, pero la consellera lo presenta como un ejercicio de simplificación administrativa.
La maniobra de la conselleria no se explica sin las ataduras del acuerdo de investidura de Salvador Illa. Aquel texto prohíbe expresamente una «bajada masiva de impuestos», línea roja que los republicanos y los Comuns vigilan de cerca. Romero descarta tocar el IRPF —el principal instrumento recaudatorio— y cualquier subida generalizada, insistiendo en que el Govern no quiere «pujar impuestos».
La consellera argumentó que, comparada con la media europea, Cataluña se sitúa «tres puntos por debajo en presión fiscal», lo que a su juicio da margen para no incrementar la carga pero tampoco para rebajarla de forma drástica. El recuerdo de la modificación del IRPF de 2025 —que benefició a rentas inferiores a 35.000 euros— sirve ahora de precedente y de mensaje a sus socios: el Govern no subirá impuestos a clases medias y bajas, pero tampoco desmantelará la progresividad.
El encaje político: entre ERC, los Comuns y la sombra de Junts
La reforma de los impuestos propios es, en realidad, una operación de perfil bajo. El Govern de Illa busca mostrar movimiento sin alterar los equilibrios del bloque de investidura. Eliminar algunos tributos propios es hoy menos una decisión técnica que una señal política: se demuestra que el Govern «hace sus deberes» en casa mientras defiende en Madrid los 4.700 millones del nuevo sistema de financiación.
La Generalitat persigue una reforma de guante blanco: eliminar tributos residuales sin tocar el IRPF. La batalla fiscal real se librará con el nuevo modelo de financiación.
El movimiento de Romero deja también un recado a Junts y al PP, a quienes ha emplazado a «intentar mejorar el modelo» de financiación en lugar de bloquearlo. La consellera calificó de «barbaridad» renunciar a los 4.700 millones que, según el Govern, supondría rechazar el nuevo sistema en el Congreso. Este dato, deslizado en la entrevista, es probablemente el más relevante de la comparecencia porque conecta el ajuste fiscal doméstico con la negociación crucial de las próximas semanas.
El calendario aprieta: antes de que acabe julio de 2026 está previsto un Consell de Política Fiscal i Financera para aprobar el nuevo modelo, que pasará después al Consell de Ministres y al Congreso de los Diputados. El objetivo del Govern es superar el debate de totalidad para empezar a negociar enmiendas, una fase en la que la reforma de los impuestos propios puede convertirse en moneda de cambio o, por el contrario, en un elemento de distracción.
Para el contribuyente catalán, la noticia tiene un impacto limitado a corto plazo. La supresión de estos 15 impuestos apenas se notará en el bolsillo, pero la congelación del IRPF supone un respiro para las rentas medias y bajas, que ya se beneficiaron de la rebaja de 2025. La verdadera batalla fiscal, la que decidirá cuánto dinero llega a las arcas catalanas, se juega en Madrid con el nuevo modelo de financiación. Hasta entonces, la Conselleria mantendrá un perfil discreto para no tensar en exceso las costuras del pacto con ERC. La decisión final sobre los 15 impuestos propios se conocerá en los próximos meses, probablemente cuando se concrete el diseño del nuevo modelo. Cada uno que se suprima será leído como una victoria del ala liberal del Govern; cada uno que se mantenga, como un guiño a la izquierda del hemiciclo. Así funciona el Parlament.
¿Qué impuestos propios quiere suprimir Cataluña?
La Generalitat estudia eliminar hasta 15 tributos autonómicos, como el canon del agua o el impuesto sobre emisiones contaminantes, que tienen baja recaudación y alto coste de gestión.
¿Subirá el IRPF en Cataluña?
No. La consellera Alícia Romero ha descartado cualquier modificación del IRPF, tanto al alza como a la baja, para no alterar la progresividad del sistema.
¿Cuándo se aprobará la reforma fiscal catalana?
La decisión final se conocerá en los próximos meses, probablemente vinculada al nuevo modelo de financiación autonómica que se negocia en Madrid antes de julio de 2026.

