El oro acumula una caída del 30% desde los u$s5.500 por onza de enero, lastrado por el giro hawkish de la Fed y la fortaleza del dólar. Los grandes bancos discrepan sobre el futuro: desde u$s4.800 hasta u$s5.300 para 2027.
El mercado del oro transita por un momento de máxima incertidumbre. Tras alcanzar un récord histórico de u$s5.500 por onza en enero de este año, el metal precioso ha sufrido una corrección del 30% y cotiza en torno a los u$s4.100. La política monetaria de la Reserva Federal (Fed) y el fortalecimiento del dólar han sido los principales catalizadores de esta caída, según la consultora Quinto.
El giro en la política monetaria estadounidense llegó con la designación de Kevin Warsh al frente de la Fed. El nuevo presidente ha expresado su preocupación por una inflación que se mantiene muy por encima del objetivo del 2% anual, lo que ha llevado al mercado a descartar los recortes de tasas y a comenzar a anticipar subidas. Este cambio de expectativas ha sido el detonante de la presión bajista sobre el oro.
Chris Weston, analista de Pepperstone, resume el sentir del mercado:
“El mercado ya no debate cuándo se producirá la primera baja de tasas. La atención se ha desplazado hacia cuándo podría llegar la próxima suba y qué tan agresivo podría ser ese ciclo de endurecimiento monetario”.
El dólar fuerte y las tasas reales castigan al oro
La apreciación del dólar impacta en el oro por dos vías principales, según Quinto. Por un lado, encarece el metal en otras monedas, lo que frena la demanda física fuera de Estados Unidos. Por otro, redirige el capital hacia activos denominados en dólares. El factor más relevante ha sido la revisión al alza de la trayectoria de tasas esperada, que ha empujado los rendimientos del Tesoro al alza y ha consolidado la fortaleza del billete verde.
Para un activo como el oro, que no genera flujo de renta, el nivel de las tasas reales y la fortaleza del dólar son las variables de costo de oportunidad más directas. Las tasas de interés más altas incrementan el atractivo de alternativas como la deuda pública estadounidense o los valores bursátiles. La rentabilidad real del bono del Tesoro a diez años ha tocado máximos desde abril de 2025, lo que acentúa la migración de capital hacia sectores de alto potencial de retorno, como las tecnológicas vinculadas a la inteligencia artificial.
Weston añade que el efecto es doble: el oro pierde atractivo frente a activos que generan rendimiento y la fortaleza del dólar ejerce una presión adicional sobre un metal denominado en esa misma divisa.
Previsiones dispares entre los grandes bancos
A largo plazo, la visión predominante sigue siendo positiva, aunque la divergencia de pronósticos es notable. Deutsche Bank espera que el oro cierre el cuarto trimestre de 2026 cerca de los u$s4.800 por onza, con una previsión media para el año de u$s4.631 y un objetivo de u$s5.300 para 2027. Estas cifras reflejan una cautela que contrasta con el optimismo de otros actores.
Ewa Manthey, estratega de materias primas de ING, sostiene que
“los factores estructurales que respaldan al oro permanecen intactos”, aunque advierte que “el camino al alza probablemente será más lento y más volátil de lo que esperábamos anteriormente”.
Para el inversor particular, este escenario supone un dilema: el oro sigue siendo un activo refugio a largo plazo, pero la volatilidad a corto plazo puede ser elevada. Las decisiones de la Fed y la evolución del dólar serán los principales determinantes de su precio en los próximos meses.
La demanda de los bancos centrales sostiene el suelo del oro
A pesar del complejo panorama, hay un factor que genera amplio consenso como límite a las caídas: la demanda de los bancos centrales. Según UBS, el oro ha superado por primera vez a los bonos del Tesoro estadounidense en la composición de las reservas oficiales mundiales. El Banco Central Europeo estima que el metal representa el 27% de las reservas internacionales, frente al 22% de los bonos del Tesoro y el 15% del euro.
UBS señala que este cambio refleja una transformación más profunda: los bancos centrales ya no compran oro solo como herramienta de diversificación, sino también como cobertura frente a tensiones geopolíticas y perturbaciones financieras. Esta demanda estructural actúa como un suelo que limita las caídas, incluso en un entorno de dólar fuerte y tasas al alza.
Para el lector interesado en invertir en oro, la clave está en vigilar las próximas decisiones de la Fed. Si el banco central estadounidense confirma una subida de tasas, el oro podría seguir bajo presión. Por el contrario, cualquier señal de pausa o giro dovish podría relanzar la tendencia alcista. Los analistas recomiendan mantener una visión de largo plazo y no dejarse llevar por la volatilidad diaria.
¿Por qué está bajando el precio del oro?
La caída se debe al giro hawkish de la Fed, que ha subido las tasas de interés, y al fortalecimiento del dólar, lo que encarece el oro en otras monedas y reduce su atractivo frente a activos que sí generan renta.
¿Seguirá cayendo el oro en 2026?
Dependerá de las decisiones de la Fed. Si las tasas siguen subiendo, el oro podría presionarse a la baja, pero la demanda de bancos centrales actúa como suelo. Los analistas prevén un cierre de año entre u$s4.800 y u$s4.631 por onza.
¿Es buen momento para comprar oro?
Para inversores a largo plazo, la corrección actual puede ser una oportunidad de compra, dado que los factores estructurales (demanda de bancos centrales) siguen intactos. Sin embargo, la volatilidad a corto plazo es alta y conviene esperar señales de la Fed.

