El semiólogo y enigmista italiano Stefano Bartezzaghi, hijo del legendario Piero Bartezzaghi, ha publicado 'Pruebas sin corregir' (Seix Barral), un libro que contiene 900 errores deliberados que el lector debe descubrir para resolver un misterio.
El cerebro más diabólico del crucigrama italiano ha vuelto a la carga. Stefano Bartezzaghi, semiólogo, columnista de La Repubblica y profesor en la Universidad IULM de Milán, acaba de publicar Pruebas sin corregir (Seix Barral), un libro que es, ante todo, un desafío: contiene 900 errores deliberados que el lector debe encontrar para desentrañar un misterio. No es un libro de pasatiempos al uso; es una obra que parodia géneros literarios, desnuda las miserias del mundo editorial y, de paso, reivindica el error como motor de la creatividad.
Bartezzaghi, que heredó de su padre Piero —el creador del crucigrama más famoso de Italia— la pasión por los juegos de palabras, lleva más de cuatro décadas desafiando a los italianos con acertijos. Desde 1987 escribe la columna Lapsus en La Repubblica, y desde 2019 firma el crucigrama diario del mismo periódico. Ahora, con este libro, da un paso más allá: convierte al lector en detective de erratas.
Un juego de 900 errores para resolver un asesinato
La premisa de Pruebas sin corregir es tan simple como ambiciosa: en cada uno de los cien breves capítulos hay nueve errores. El lector debe identificarlos y, con ellos, componer un mensaje oculto que le permita resolver la muerte del escritor Niccolò Errante —cuyo apellido, 'errante', no es casual: remite tanto al que vaga como al que se equivoca, en un guiño a Don Quijote. El libro es, en palabras de su autor, "un homenaje al caballero andante, porque errar significa vagar sin rumbo fijo, pero también cometer equivocaciones".
La idea surgió de una experiencia personal. En 1993, Bartezzaghi publicó su primer gran libro con Bompiani. "Estaba muy emocionado. Era una buena editorial, la portada la ilustraba Tullio Pericoli... Yo estaba feliz. Pero abrí el libro y lo primero que encontré fue una errata", recuerda con amarga ironía. A pesar de haber revisado los borradores decenas de veces, el error se coló. De esa frustración nació la idea: "Los lectores son sádicos por naturaleza, les encanta escribirte para decirte que te has equivocado, disfrutan pillándote en un renuncio. Así que pensé: esta vez pondré yo los errores a propósito, os tocará a vosotros encontrarlos y ya veremos qué pasa".
"Los lectores son sádicos, les encanta que te equivoques. Así que pensé: esta vez pondré yo los errores a propósito"
Una parodia del mundo editorial y un elogio del error
Pero Pruebas sin corregir es mucho más que un juego. A través del protagonista, un aspirante a escritor que se gana la vida como corrector mientras intenta escribir su obra maestra, el libro parodia con brillantez numerosos géneros literarios —desde los densos dramas familiares rusos hasta los thrillers surcoreanos— y destapa con humor las bajezas y mezquindades del ecosistema cultural. "Quería mostrar las bambalinas del proceso editorial, cómo se fabrican los libros, pero también las miserias del gremio y esa constante sensación de sentirse siempre mejor y más inteligente que el resto", explica Bartezzaghi.
El libro es también un elogio del error. "La semiótica nos demuestra que el error es el verdadero motor de la creatividad. Las lenguas evolucionan gracias a ellos; estructuras que hoy nos chirrían porque se están extendiendo socialmente terminan, con los años, siendo asimiladas por el lenguaje codificado. No existe una gramática inmutable. Las normas se fijan por pura costumbre, y si la costumbre cambia, la norma también", reflexiona el autor.
Para el lector interesado en juegos de palabras, retos intelectuales o simplemente en una lectura diferente, Pruebas sin corregir ofrece una experiencia inmersiva: no solo se lee, sino que se participa activamente. El libro está disponible en librerías desde mayo de 2026. Quien se atreva a aceptar el desafío, que se prepare para pasar horas buscando errores y, de paso, descubrir quién mató a Niccolò Errante.

