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Miguel Reta, el pastor de San Fermín al que los mozos saludan antes del encierro

Miguel Reta lleva 32 años como pastor del encierro de San Fermín. Los mozos le saludan antes de correr para pedir suerte y reconocer su autoridad.

Beatriz Lorenzo AguirreBeatriz Lorenzo Aguirre··5 min de lectura

Miguel Reta es el pastor del encierro de San Fermín desde hace 32 años. Cada mañana, decenas de mozos buscan su mano antes de la carrera para pedir suerte y reconocer su autoridad en la calle.

Las ocho menos unos minutos en Pamplona. En la cuesta de Mercaderes, el murmullo de los corredores se mezcla con los nervios y ese silencio extraño que precede al cohete. Entre los mozos, un gesto se repite cada mañana: muchos se acercan a chocar la mano de Miguel Reta, pastor del encierro desde hace 32 años.

No es un saludo cualquiera. Es casi un ritual, una forma de pedir suerte, de reconocer autoridad y de confiar en quien conoce como pocos el peligro del encierro de San Fermín. Reta lleva una vara de fresno y una vida entera mirando a los toros desde el lugar más difícil: la retaguardia.

De corredor a pastor del encierro

Miguel Reta empezó en las calles de Pamplona como corredor. Como tantos otros, sintió primero la llamada del encierro desde dentro, delante de los toros, con la adrenalina de los adoquines y la velocidad de la manada. Pero en 1994 cambió de sitio: pasó a ser pastor del encierro.

Desde entonces, su papel ha sido otro. Menos visible para muchos espectadores, pero fundamental para que cada carrera llegue limpia hasta la plaza. En este San Fermín 2026, descontando los años de parón por la pandemia, Reta acumula ya más de tres décadas dentro de una de las funciones más delicadas de los sanfermines. Su trabajo no consiste en correr para lucirse, sino en ordenar el peligro.

Los pastores forman un equipo de una decena de personas repartidas por los 875 metros del recorrido. No improvisan. Cada uno sabe dónde debe estar, cuándo intervenir y cómo moverse cuando los toros avanzan desde los corrales de Santo Domingo hacia la plaza. Se entienden con gestos, miradas y silbidos. En apenas unos segundos, deben interpretar si la manada viene agrupada, si un toro se descuelga o si algún corredor está poniendo en riesgo a los demás.

La vara de fresno y el toro suelto

La posición más comprometida es la de cierre. Allí, el pastor actúa como una especie de escoba del encierro. Va detrás de la manada, controla que los toros no pierdan la dirección y evita una de las situaciones más temidas: que un astado se quede suelto. Un toro suelto puede desorientarse, girarse y volver sobre sus pasos hacia una calle llena de corredores.

En ese momento, la reacción de los pastores es decisiva. Deben empujar la carrera hacia adelante, proteger a los mozos caídos y cortar cualquier movimiento que pueda aumentar el peligro. También tienen otra función incómoda pero necesaria: frenar a los corredores imprudentes. La vara no es un adorno. Sirve para marcar límites, apartar a quien no debe estar y recordar que el encierro no es un espectáculo sin normas.

Por eso, muchos mozos buscan a Miguel Reta antes de correr. No lo hacen por fama. Lo hacen porque saben que detrás de esa figura hay años de experiencia, autoridad y conocimiento del toro. Reta forma parte de ese grupo de personas que sostienen la esencia del encierro sin ocupar siempre el primer plano. Los corredores tienen sus tramos, sus momentos y sus carreras. Los pastores tienen otra responsabilidad: que todo siga su curso cuando el miedo se desordena.

La Casta Navarra y el sueño de La Tejería

Pero Miguel Reta no se entiende solo en julio ni solo sobre el asfalto de Pamplona. Fuera de los Sanfermines, su vida está profundamente unida al campo bravo y a la conservación ganadera. En su finca La Tejería, situada en Grocin, en Tierra Estella, ha impulsado un proyecto que muchos consideraban casi imposible: recuperar la pura Casta Navarra para la lidia moderna a pie.

No se trataba solo de criar toros. Era una apuesta de largo recorrido por un encaste histórico, ligado a Navarra y marcado por animales listos, nerviosos, fieros y de enorme carácter. Durante décadas, la Casta Navarra había quedado muy vinculada a festejos populares como recortes y capeas. Reta quiso ir más allá. Su proyecto en La Tejería ha sido una labor paciente: rastreó y unió genéticamente las últimas cinco líneas puras de este encaste.

Invirtió años, patrimonio y trabajo en una selección ganadera muy exigente. Él mismo ha definido esa tarea como una forma de “arqueología ganadera”. Una expresión que resume bien la dimensión de su empeño: mirar al pasado para recuperar un patrimonio vivo y devolverlo al presente. El gran hito llegó en julio de 2021, en la plaza francesa de Céret. Allí, después de más de un siglo de ausencia, la Casta Navarra volvió a lidiarse en una corrida de toros formal.

Para los aficionados, la figura de Reta representa un eslabón entre la tradición más auténtica del encierro y la conservación de una raza casi perdida. En cada San Fermín, su presencia en la calle recuerda que detrás del espectáculo hay un oficio, una responsabilidad y una historia que merece ser contada. Y mientras los mozos sigan buscando su mano antes del cohete, la esencia del encierro seguirá viva.

Beatriz Lorenzo Aguirre

Escrito por

Beatriz Lorenzo Aguirre

Redactora

Periodismo económico por la Carlos III y lectora compulsiva de cuentas anuales. Cafés a destajo, alergia a las notas de prensa vacías y memoria para los ERE; en Iber Empresa escribe de empresas y empleo.