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Los valores morales se degradan a herramientas de gestión empresarial, según un análisis crítico

Un análisis critica cómo los valores morales han sido colonizados por la lógica de la rentabilidad, transformándose en competencias empresariales.

Beatriz Lorenzo AguirreBeatriz Lorenzo Aguirre··4 min de lectura

Un análisis crítico denuncia que el Bien, la Verdad o la Justicia han sido colonizados por la lógica de la rentabilidad, transformándose en competencias al servicio de la productividad.

El Bien, la Verdad, la Justicia y la Belleza ya no se defienden por sí mismos. Según un análisis publicado por la revista Ethic, estos valores han sido degradados a eficaces herramientas de gestión empresarial. Quienes defienden intereses económicos o políticos ya no necesitan cuestionarlos; basta con traducirlos al lenguaje de la rentabilidad.

La colonización de los valores por el mercado

El artículo recupera el concepto de «tolerancia represiva» acuñado por Herbert Marcuse en los años 60. Con él, el filósofo aludía a la capacidad del poder institucionalizado para ejercer su dominio mediante una horizontalidad aparente. La sociedad se desenvuelve en un teatro donde no existen virtudes auténticas, sino aptitudes que el sistema productivo pone a disposición de los individuos.

En ese escenario, empresarios, políticos y dueños de medios de comunicación observan cómo los ciudadanos juegan un juego cuyas reglas desconocen. Todo ello servido bajo una cosmética docilidad gracias a adláteres como coaches corporativos, gurús del bienestar emocional o chamanes de la motivación.

Cualquier crítica a lo establecido se presenta como falta de inteligencia emocional. La queja se muestra como síntoma de una personalidad inmadura incapaz de adaptarse. Así, el malestar o el sufrimiento se dirimen en el campo de la gestión emocional individual, aislando a los sujetos e impidiéndoles vertebrar comunidad.

De la empatía al liderazgo: la instrumentalización de las virtudes

Esta manipulación sistémica de los afectos resulta eficaz porque no destruye los valores: los coloniza. Por ejemplo, el Bien deja de justificarse por sí mismo para transformarse en un instrumento para alcanzar mayor productividad. Si eres amable con tus compañeros, la cultura empresarial gana al generar equipos «felices» y orgullosos de sí mismos.

La empatía se fomenta como herramienta para trenzar un buen clima laboral, dejando de ser una disposición de cooperación para convertirse en estrategia de liderazgo. La creatividad impulsa la innovación y, por tanto, la capacidad de generar nuevos nichos de mercado. La contemplación y la pausa reducen el estrés y optimizan el rendimiento, promoviéndose talleres de mindfulness y coaching empresarial.

Ya no hay valores, hay competencias. La verdad solo importa si resulta rentable; la belleza si genera un impacto y mejora la marca personal e institucional. Primero se colonizan los valores y después se transforman en métricas.

Los KPI como nuevos baluartes culturales

El Bien, la Verdad, la Justicia o la Belleza han sido sustituidos por indicadores. Los KPI (Key Performance Indicators) se enseñorean como los nuevos baluartes de una cultura incapaz de reconocer todo cuanto no puede medirse. Todo aquello que escapa a la lógica del dato —amistad, amor, contemplación, reflexión, arte, búsqueda desinteresada de conocimiento, silencio— se considera superfluo o es absorbido por la dinámica empresarial.

El Bien, la Verdad, la Justicia o la Belleza han sido sustituidos por indicadores

En paralelo, se insta a los individuos a aceptar renuncias en nombre de lo eficaz y lo útil: constante disponibilidad, mayor flexibilidad, continua adaptación, moderación salarial, aceptación de la incertidumbre, formación continua y, sobre todo, resiliencia. Desde la política institucional se demanda esfuerzo colectivo para salir adelante como sociedad, mientras los beneficios se privatizan en cada vez menos manos, creciendo la capacidad de los poderes económicos para monopolizar las decisiones.

Para el lector interesado en la crítica social y empresarial, este análisis invita a reflexionar sobre cómo las virtudes clásicas han sido instrumentalizadas por el mercado. La próxima vez que un coach corporativo hable de empatía o un gurú de la motivación de resiliencia, quizá convenga preguntarse si no estamos ante una nueva forma de colonización afectiva al servicio de la productividad.

Beatriz Lorenzo Aguirre

Escrito por

Beatriz Lorenzo Aguirre

Redactora

Periodismo económico por la Carlos III y lectora compulsiva de cuentas anuales. Cafés a destajo, alergia a las notas de prensa vacías y memoria para los ERE; en Iber Empresa escribe de empresas y empleo.