viernes, 21 de agosto de 2026

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Lagarde alerta: el modelo de crecimiento europeo de posguerra se erosiona

Lagarde avisa en el Foro de Davos de que los tres pilares del crecimiento europeo se debilitan y pide más integración del mercado único para no repetir el error de la primera revolución digital.

Álvaro Sáez Ferrer
Álvaro Sáez Ferrer
· 4 min de lectura

La presidenta del BCE avisa de que los tres pilares del crecimiento europeo se debilitan y pide más integración del mercado único para no repetir el error de la primera revolución digital.

La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha lanzado este miércoles en Ginebra un diagnóstico contundente sobre la economía europea: el modelo de crecimiento que sostuvo al continente desde la posguerra se está erosionando y no volverá a ser el mismo. En su intervención ante el Consejo Empresarial Internacional del Foro Económico Mundial, Lagarde señaló que los tres pilares sobre los que se asentó ese modelo —el comercio global en expansión, la manufactura de tecnología media con energía barata y un orden mundial estable bajo el paraguas de seguridad de EE. UU.— están hoy debilitados.

El comercio, que hizo de Europa una de las economías más abiertas del mundo —el doble que Estados Unidos—, ya no puede darse por sentado. Según datos citados por Lagarde, el año pasado se implementaron más de 2.500 restricciones comerciales en todo el mundo, una cifra que refleja la deriva proteccionista global.

El segundo pilar, la ventaja europea en manufactura de tecnología media, también se resquebraja. China ha escalado posiciones en la cadena de valor y ahora compite directamente con la zona del euro en cerca del 40% de los sectores donde Europa mantiene ventaja comparativa, frente al 25% de principios de los 2000. A esto se suma el fin de la energía barata: el año pasado, los precios de la electricidad para industrias intensivas en energía en la UE duplicaron con creces los de EE. UU. y superaron en un 50% los de China.

El tercer pilar, el orden global basado en reglas, está bajo presión por las tensiones geopolíticas. Lagarde subrayó que cuando las dependencias económicas pueden ser utilizadas como arma o la disuasión se percibe débil, las empresas invierten menos, lo que lastra producción y consumo.

Pese al sombrío panorama, la presidenta del BCE destacó que Europa conserva fortalezas sustanciales. La UE mantiene la mayor red de acuerdos comerciales del mundo, con pactos recientes o avanzados con India, Indonesia, Australia, México y Mercosur. Además, cuenta con capacidades manufactureras de primer nivel, como el liderazgo global en litografía y óptica de precisión, y una fuerza laboral altamente cualificada: en Alemania, el 35% de los graduados en grado son de áreas STEM, el porcentaje más alto entre los países de la OCDE.

El mercado integrado de 27 Estados miembros y 450 millones de consumidores es, según Lagarde, el mayor entre las economías avanzadas y se vuelve más relevante a medida que cambian las fuentes de crecimiento. La economía de la zona del euro creció un 1,5% el año pasado, impulsada enteramente por la demanda interna, y en el segundo trimestre de 2026 registró un avance del 0,4% intertrimestral pese al shock energético. La demanda interna seguirá siendo el principal motor de crecimiento este año, según las proyecciones del BCE.

El reto, dijo, es convertir esa resiliencia doméstica en un crecimiento duradero a largo plazo. Para ello, Europa debe aprovechar mejor la escala de su mercado interior. Cuando las empresas pueden crecer en toda la UE, invierten de forma más eficiente y empujan la innovación, lo que aumenta su productividad. La escala es clave en plena revolución tecnológica.

En ese terreno, Europa parte con ventaja en investigación: la UE concentra alrededor del 6% de la población mundial pero el 15% de los investigadores y produce casi una quinta parte de las publicaciones científicas más citadas. El problema, según Lagarde, es convertir ese conocimiento en éxito comercial y difundir las nuevas tecnologías por toda la economía. Demasiado a menudo, las barreras que impiden a las empresas escalar frenan también esa difusión.

El aviso es claro: Europa ya perdió el tren de la primera revolución digital, y los beneficios comerciales de las tecnologías de la información acabaron concentrados en otras regiones. Con la inteligencia artificial, la segunda revolución digital, no podemos repetir ese error. Hay señales esperanzadoras: las empresas de la zona del euro prevén destinar de media alrededor del 9% de su inversión total a IA este año, según encuestas.

Para que esa inversión se extienda y escale, Lagarde apuntó dos barreras críticas. La primera es la fragmentación del mercado único: las empresas compiten demasiado dentro de las fronteras nacionales, lo que debilita la presión competitiva para adoptar nuevas tecnologías. La segunda, aún no detallada en su intervención, apunta a la necesidad de eliminar obstáculos regulatorios y de inversión.

El mensaje final de Lagarde es que Europa tiene los mimbres para adaptarse, pero necesita voluntad política para integrar más su mercado y no quedarse atrás en la carrera tecnológica global.

Álvaro Sáez Ferrer

Escrito por

Álvaro Sáez Ferrer

Redactor

Economista por ICADE y una de las pocas personas que disfruta leyendo la ley de presupuestos. Cafetero, padre a tiempo completo y azote de la letra pequeña; en Iber Empresa escribe de economía y fiscalidad.